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franciscogsanz diario del francotirador

de qué va, pero de verdad, la enseñanza

Los chicos a los que tenía que dar clase eran bastante horribles; aunque lo verdaderamente insoportable era la sala de profesores. Llegó a ser casi un alivio tener que ir a clase. La tediosa y estremecedora rutina anual de sus vidas pesaba sobre los profesores como un estigma. Y era auténtico tedio. Sus consecuencias eran la hipocresía, la estupidez y la ira impotente de los viejos que saben que ha fracasado y de los jóvenes que van a fracasar. Los directores de departamento eran como el sermón que se escucha antes de ir a la horca; algunos de ellos te producían algo parecido al vértigo, una fugaz visión del insondable pozo de la memez humana... o eso fue al menos lo que empecé a sentir al comienzo del segundo trimestre.

John Fowless: El mago (Ed. Anagrama)

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